Por qué el picante ‘duele’ y aun así no puedes dejar de comerlo

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La capsaicina, responsable del picor, puede aportar beneficios, pero también tiene limitaciones y contraindicaciones que conviene conocer.

Según recoge la revista Consumer, la comida picante, tradicionalmente rodeada de mitos, presenta tanto beneficios como limitaciones para la salud cuando se analiza desde la evidencia científica. La clave está en la capsaicina, el compuesto responsable de esa sensación de ardor que caracteriza a alimentos como guindillas, jalapeños o cayena.

Lejos de la creencia popular, consumir picante de forma moderada no solo no es perjudicial, sino que puede generar efectos positivos en el organismo. Este componente activa ciertas neuronas sensoriales que, a su vez, favorecen la liberación de endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, lo que explica la sensación de bienestar que algunas personas experimentan tras su consumo.

No es un sabor, es una sensación

El picante no es un sabor, sino una sensación de dolor térmico. La capsaicina estimula receptores nerviosos que normalmente detectan calor, provocando que el cerebro interprete que la boca “arde”. Esta reacción puede incluso disminuir con el tiempo si el consumo es habitual, ya que las neuronas implicadas reducen su sensibilidad.

Además, esta sustancia se utiliza en algunos tratamientos analgésicos, debido a su capacidad para intervenir en la percepción del dolor. También se le atribuyen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, e incluso un posible efecto en la reducción del colesterol o de la presión arterial, aunque la evidencia aún es limitada.

No todo son beneficios

No obstante, no todo son beneficios. El consumo excesivo puede irritar la mucosa gastrointestinal y agravar problemas como el reflujo, la gastritis o las úlceras. También puede provocar molestias digestivas como náuseas o dolor abdominal.

Entre los mitos más extendidos, destaca la falsa creencia de que el picante adelgaza de forma significativa. Aunque puede tener un leve efecto termogénico, este es insuficiente para generar una pérdida de peso relevante.

Lo que sí es cierto es que la leche ayuda a aliviar el picor, ya que la capsaicina se disuelve mejor en grasa que en agua, lo que explica por qué beber agua puede incluso intensificar la sensación.

En conjunto, la evidencia apunta a que el picante puede formar parte de una dieta equilibrada si se consume con moderación y teniendo en cuenta las circunstancias individuales.

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