La marca personal en LinkedIn ya forma parte de la estrategia de negocio de los CEOs

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Durante años, la marca personal de un CEO fue interpretada como algo accesorio, casi separado de la estrategia corporativa. La reputación de la empresa, sus resultados y su equipo comercial parecían suficientes para generar confianza. Sin embargo, en los mercados B2B actuales, especialmente en sectores con ciclos de venta largos y decisiones complejas, la percepción del líder también influye en cómo se evalúa a la compañía.

Irene Parejo, CEO de Posicionati y experta en posicionamiento de CEOs y empresas en LinkedIn, lleva seis años trabajando en la construcción de marcas personales ejecutivas en esta plataforma. Su trayectoria comenzó en España, donde fundó Posicionati y actualmente se desarrolla también en Estados Unidos, desde donde ha consolidado una comunidad de más de 44.000 personas en LinkedIn. Desde su experiencia, una marca personal sólida no busca convertir al CEO en influencer, sino convertir su experiencia, visión y criterio en un activo de reputación para el negocio.

LinkedIn se ha convertido en el principal espacio donde esa percepción se construye, se valida o se debilita. Antes de aceptar una reunión, valorar una alianza, considerar una inversión o responder a una propuesta comercial, muchos decisores revisan quién lidera la empresa. Observan si el CEO tiene una voz clara, si comparte criterio, si entiende las conversaciones relevantes de su sector y si transmite autoridad más allá del cargo.

La marca personal en LinkedIn no consiste en publicar por publicar ni en buscar visibilidad masiva. Para un CEO, el valor está en construir una presencia reconocible ante las personas correctas: clientes potenciales, partners, inversores, talento, medios y otros líderes del mercado. Una presencia ejecutiva bien trabajada puede hacer que una conversación comercial empiece con más confianza, más contexto y menos necesidad de justificar credibilidad desde cero.

El coste de no trabajar la marca personal en LinkedIn suele ser silencioso. Puede traducirse en oportunidades que no llegan, talento que no se siente atraído, inversores que no encuentran señales públicas suficientes, clientes que no perciben diferenciación o medios que no identifican al CEO como una voz experta. En muchos casos, la empresa puede ser más sólida de lo que su presencia digital transmite.

Por eso, la pregunta relevante ya no es si un CEO debe estar en LinkedIn, sino qué percepción está construyendo allí. En un entorno donde la confianza se forma antes del primer contacto, la marca personal del CEO puede convertirse en una ventaja competitiva. Y cuando esa marca no existe, también comunica.

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