Lara Ferreiro; Descubrir las ciudades más infieles del verano 2026, según Ashley Madison

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El verano no solo dispara los termómetros. También activa el deseo de novedad, multiplica las oportunidades de conocer gente y pone a prueba la estabilidad de muchas relaciones. Las vacaciones son tradicionalmente uno de los periodos más delicados para las parejas, hasta el punto de que se han convertido en una auténtica «prueba de estrés relacional». Mientras algunos aprovechan para reconectar con su pareja con viajes, cenas a la luz de la luna, paseos por el campo, etc, otros sucumben al “efecto mojito”, una mezcla de libertad, anonimato y sensación de que las normas cotidianas han quedado suspendidas mientras dure el verano.

Ashley Madison, la aplicación de infieles y de la discreción ética, calcula que 1 de cada 4 personas con pareja en España podría ser infieles. Esto haría un total de infieles españoles de 8,5 millones de hombres y 7,5, de mujeres de infieles.

Ashley Madison este verano ha determinado cuáles son las ciudades españolas donde hay una mayor actividad extramatrimonial durante los meses estivales.

El mapa de las ciudades más infieles de España

Según el ranking elaborado por Ashley Madison, estas son las ciudades españolas más infieles:

Manresa

Girona

Barcelona

León

Toledo

Granada

Lleida

Marbella

Madrid

Sabadell

Lugo

Santiago de Compostela

Valencia

Málaga

Salamanca

Tarragona

Fuengirola

Sant Boi de Llobregat

Castellón de la Plana

Donostia-San Sebastián

«Lo más llamativo es que no hablamos únicamente de grandes capitales. También aparecen ciudades medianas y pequeñas, lo que confirma que la infidelidad ya no depende tanto del lugar donde vivimos como de las oportunidades de conexión que ofrecen las nuevas tecnologías», explica la psicóloga Lara Ferreiro.

Las grandes ciudades: más anonimato, más oportunidades

Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Zaragoza comparten un denominador común: una intensa actividad social, laboral y cultural. Las grandes ciudades ofrecen más oportunidades para conocer personas nuevas y favorecen una mayor sensación de anonimato, un factor que puede reducir las barreras psicológicas a la hora de iniciar nuevas relaciones.

El poder del turismo y el verano

Girona, Tarragona, Alicante, Marbella, San Sebastián y Granada destacan por su enorme atractivo turístico. Durante los meses de verano reciben miles de visitantes nacionales e internacionales, generando un contexto donde las rutinas se relajan y aumentan las oportunidades de interacción.

Las ciudades medianas también ganan protagonismo

Manresa, Reus, Lleida, Burgos, Valladolid, A Coruña, Lugo y León demuestran que la búsqueda de nuevas relaciones no es exclusiva de las grandes capitales. La digitalización de las relaciones y el auge de las aplicaciones de citas han eliminado muchas barreras geográficas, permitiendo conectar con personas afines independientemente del tamaño de la ciudad.

Alcobendas se beneficia de su proximidad a Madrid y del dinamismo de su entorno empresarial. Algo similar ocurre en muchas ciudades conectadas a grandes áreas urbanas, donde la movilidad laboral y social amplía considerablemente los círculos de relación.

Como suele explicar la psicóloga Lara Ferreiro, «las ciudades más infieles no necesariamente tienen menos amor; simplemente ofrecen más oportunidades para buscar fuera de la pareja aquello que algunas personas sienten que han perdido dentro de ella».

El síndrome de las vacaciones: cuando el cerebro quiere romper la rutina

El cerebro humano está programado para responder positivamente a la novedad. Cuando se abandona la rutina, se viaja, se conocen a personas nuevas o se cambian los hábitos, se activa el sistema de recompensa cerebral asociado a la dopamina, el neurotransmisor del placer y la motivación.

Por este motivo, muchas personas experimentan durante el verano una sensación de euforia, una mayor confianza en sí mismas y un deseo más intenso de explorar nuevas experiencias. A este fenómeno puede denominarse «síndrome de las vacaciones sentimentales»: la percepción inconsciente de que, durante unas semanas, se adopta una versión diferente de uno mismo, más abierta al cambio, a la aventura y a las conexiones emocionales.

«En verano buscamos sentirnos más vivos, más atractivos y más libres. Esa combinación puede hacer aflorar necesidades emocionales que durante el resto del año permanecen dormidas», explica Lara Ferreiro, psicóloga autora del libro Ni un capullo más.

El calor también influye

Aunque pueda parecer anecdótico, las altas temperaturas tienen efectos sobre el comportamiento social. Diversos estudios han observado que la mayor exposición a la luz solar incrementa la producción de serotonina, relacionada con el bienestar emocional, y mejora el estado de ánimo general.

Además, el verano favorece una mayor interacción social: terrazas, festivales, chiringuitos, conciertos, escapadas de fin de semana y eventos al aire libre multiplican las oportunidades de conexión.

Se podría denominar a este fenómeno «la teoría de la terraza infinita»: cuanto más tiempo se pasa socializando y menos tiempo encerrados en la rutina, más probabilidades existen de que surjan nuevas atracciones.

La combinación de más horas de luz, vacaciones y una agenda social más intensa crea el caldo de cultivo perfecto para que surjan nuevas atracciones.

La infidelidad ya no es solo física

Uno de los cambios más importantes de los últimos años es que la infidelidad ha dejado de producirse exclusivamente en el mundo real. El móvil se ha convertido en el gran aliado de las aventuras modernas.

De hecho, una encuesta realizada por la plataforma Gleeden reveló que el 79% de los participantes reconocía mantener conversaciones íntimas con personas ajenas a su relación.

Las llamadas «microinfidelidades», los mensajes privados, el sexting o las conexiones emocionales online se han convertido en una nueva forma de cruzar límites sin necesidad de contacto físico.

Según explica Lara Ferreiro, la colaboradora de Ashley Madison , durante el verano proliferan especialmente las infidelidades digitales porque muchas personas utilizan este periodo para iniciar conversaciones que posteriormente pueden evolucionar hacia algo más serio.

El «efecto traje de baño» y la autoestima estacional

Existe otro factor que rara vez se menciona. Durante el verano muchas personas cuidan más su imagen, realizan más actividad física, renuevan su vestuario y reciben más refuerzos positivos relacionados con su atractivo.

Esto genera lo que se podría bautizar como «efecto traje de baño»: un aumento temporal de la autoestima que hace que algunas personas se sientan más seguras para iniciar nuevas relaciones o flirteos.

Muchas de las relaciones que nacen durante las vacaciones se desarrollan en condiciones irreales. No existen las obligaciones laborales, el estrés cotidiano ni las responsabilidades familiares habituales. Por eso algunas personas confunden intensidad emocional con compatibilidad real. Cuando termina el verano y regresa la rutina, muchas de estas historias pierden fuerza.

No significa que el verano cree infieles de la nada, pero sí puede actuar como catalizador de deseos o conflictos que ya existían previamente.

Más que una relación, búsqueda de emociones

Uno de los mayores errores es pensar que todas las infidelidades tienen que ver exclusivamente con la relación intima. En consulta se puede observar que la mayoría de las infidelidades no comienzan en la cama, sino en una carencia emocional. Muchas personas buscan sentirse escuchadas, admiradas, deseadas o valoradas. La aventura suele ser la consecuencia, no la causa.

Por eso las ciudades más infieles de España no solo reflejan dónde hay más aventuras extramatrimoniales. También muestran dónde confluyen factores que favorecen la búsqueda de experiencias nuevas: turismo, ocio, anonimato, libertad y un entorno social dinámico.

El verano del amor… y de las tentaciones

El ranking de Ashley Madison refleja una realidad que va mucho más allá de la geografía. Las ciudades más infieles no son necesariamente las menos románticas, sino aquellas donde las condiciones para escapar temporalmente de la rutina son más favorables.

Porque si el invierno es la estación de la estabilidad, el verano sigue siendo la estación de la posibilidad. Y cuando se combinan calor, vacaciones, autoestima, anonimato y deseo de novedad, muchas personas terminan protagonizando una historia que jamás imaginaron al hacer la maleta.

«El verano funciona como una lupa emocional: amplifica tanto el amor como las carencias de una relación. Lo que está bien suele fortalecerse, pero lo que está deteriorado también se hace más visible», concluye Lara Ferreiro.

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